
El territorio que hoy conocemos como México cobijaba a muy diversos grupos indígenas perfectamente diferenciados entre sí, no sólo por sus variados elementos culturales, como son el atuendo tradicional, la vivienda, las costumbres religiosas o la cocina, sino por algo más tajante y evidente: el idioma.
Cabe recordar que, a finales del siglo XX, nuestro país sigue siendo uno de los principales del planeta por lo que se refiere a su diversidad cultural indígena. Cuando una cultura se empieza a perder o diluir, lo primero que comienza a desaparecer es la lengua propia; por ello, la permanencia del idioma autóctono es el mejor indicador de la sobre vivencia cultural de un pueblo, con sus rasgos originales.
Pues bien: a dos años del cambio del milenio, la India es el principal país del mundo por cuanto al número de sus idiomas indígenas vivos, con la cifra de 72. México está en segundo lugar en el orbe con 62 idiomas, en pleno 1998. Para sopesar la importancia de esa posición nuestra, conviene anotar que China tiene el tercer lugar con 48 lenguas y la que fue la Unión Soviética tenía el cuarto lugar con 35.
Nuestra diversidad cultural, no podría ser un fenómeno repentino: es el desenlace actual de nuestra historia antigua. Aunque no es posible precisar alguna cifra de manera corroborada, se puede afirmar que en aquellos años de la conquista de Tenochtitlan , de seguro había en México más de cien grupos étnicos diferenciados; naciones indias, les llamaban entonces. Cada etnia tenía sus propias costumbres gastronómicas, si bien con algunos patrones o troncos comunes que eran el maíz, frijol y el chile.
La cultura de México refleja su realidad como crisol de culturas. En lo que se ha dado en llamar lo mexicano influyen elementos culturales de las más diversas índoles: ya sean los modernos, los antiguos y los reciclados. La forma de vida en México incluye muchos aspectos de los pueblos prehispánicos del periodo colonial.Otros aspectos importantes de su cultura, son los valores, la unidad familiar, el respeto, el trabajo duro y la solidaridad de la comunidad.
México ha cambiado rápidamente durante el siglo XIX En varias formas, la vida contemporánea en las ciudades, ha llegado a ser muy similar a la de las ciudades en los Estados Unidos y Europa. Sin embargo, la mayoría de los pueblos mexicanos siguen la forma de vida de sus antepasados. Más del 90% de la población vive en ciudades de más de 200,000 habitantes. Las áreas urbanas más grandes son la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

El Estado mexicano reconoce al español como la lengua nacional. Además del español, se reconocen como lengua oficial a 67 lenguas indígenas, entre ellas: náhuatl, maya, mixteco y tzeltal, las más conocidas y habladas del país. El inglés se habla mucho en el país, debido al turismo estadounidenses en la zona.

La gastronomía de México se caracteriza por su gran variedad de platillos y recetas, así como por la complejidad de su elaboración como sus medicinas. Es reconocida por sus sabores distintivos y sofisticados con gran condimentación. Reúne tradiciones gastronómicas tanto mesoamericanas como europeas, entre otras muchas.
El tequila, el mariachi y los tacos son reconocidos intencionalmente como símbolos de la cultura mexicana. Y es que el mexicano es alegre y amante de la fiesta por naturaleza. Como bueno latinoamericano siente gran pasión por la música y el baile, por la comida y por la bebida.
Pero describir la cultura actual mexicana no es tan sencillo, pues es una cultura muy rica en tradiciones y en contrastes, fruto tanto de la historia, como de la modernización.
La familia mexicana es la base de la sociedad mexicana. En ella se representa claramente la psicología del macho mexicano, el varón que venera a su madre y cuida del honor de sus hermanas, sin embargo, cuando se trata de mujeres fuera de la familia no se les tiene el mismo respeto.
Otra de las grandes pasiones de esta colorida cultura es el futbol (y en menor medida el béisbol). Los partidos de la Primera División hacen latir corazones y fomentan la fraternidad entre seguidores de cada equipo. Hombre, mujeres y niños de todas las clases sociales abarrotan los estadios o se reúnen en sus hogares para seguir minuto a minuto las jugadas de sus jugadores favoritos.

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